viernes, 11 de septiembre de 2009

Nostalgia de la buena educación


Cuando era pequeña, mis padres me enseñaron que debía aprender a respetar a los mayores, empezando por ellos, claro está. Me enseñaron a comportarme correctamente con las personas, sin importar edad, sexo o condición social, color, etc., en todo momento, tanto en ocasiones delicadas, como la iglesia o un pésame o una reunión formal, como en momentos más distendidos. Me enseñaron cómo no abusar de la confianza, cómo no sobrepasar límites de bromas o de lenguaje o de trato familiar. A pedir las cosas por favor y a dar las gracias cuando se me daba o hacía algo que me beneficiaba. "De bien nacidos es ser agradecidos". Se me enseñó, en definitiva, a facilitar un ambiente agradable a mi alrededor, para vivir mejor yo misma.
De eso hace ya mucho tiempo. Las generaciones siguientes a la mía empezaron a experimentar cambios en su educación: poco a poco, se fueron relajando las enseñanzas y las consignas se volvieron contrarias a la buena educación: como si se tratara de algo ya superado, pasado de moda o, incluso, que retrotraía a los tiempos del Franquismo. Ser bien educado empezó a quedar anticuado y hasta retrógrado. Franquista se volvió un término anulador universal: para cualquier cosa de la que no se sabía qué decir para mal, salía lo de "franquista" y, claro, se empobreció el idioma. Así que, la educación y el idioma se empobrecieron juntos y su cuesta abajo no ha cesado desde entonces. La sociedad española se ha vuelto bronca y áspera. Not sweet people. De ahí el éxito indiscutible del llamado "botellón", que empezó siendo reunión de jóvenes alrededor de unas "litronas" de cerveza y está acabando en mesnadas de gamberros peligrosos, hasta el culo de alcohol (sic), envalentonados por la masa que ellos mismos conforman, ciegos y sordos, incapaces mentales transitorios (o no), que encuentran su mejor diversión en la quema de contenedores de basura, de coches policiales o de algun mendigo que pasaba por ahí. Los padres dicen que ellos no tienen la culpa, que se sienten impotentes, que la sociedad les ha hecho así, y que, a la postre, la culpa es de la escuela y de los maestros.
Los padres, no; cada padre y madre, cada palabra no dicha a tiempo, cada castigo y cada premio no advertido a tiempo, cada beso no dado a tiempo, incluso cada bofetada no expresa a tiempo... ahí está la fuente de la que ha terminado manando tanta mala leche, tanto desatino, tanta infelicidad y tanta prosa sucia.
Volver a los clásicos: a pedir las cosas por favor, a dar las gracias, a ceder el asiento en el autobús, a dejar pasar en las puertas, a preguntar con corrección, a expresarse con dignidad, a convivir... sólo se puede hacer eso. ¿Hace falta mucho dinero del Presupuesto General del Estado para empezar una campaña de esas de antaño: "Sea Usted puntual", "Mantenga limpia España", etc, etc? Pues, a lo mejor, sí. A lo mejor es una prioridad, señorías.
http://www.youtube.com/watch?v=XzdRcqrPKxg&hl=es

viernes, 13 de marzo de 2009

LAS TRAMPAS DEL CEREBRO


Neurólogos muy notables han llegado a la conclusión de que las neuronas no se eliminan con la edad sino con el desuso. Si un aficionado fanático de ellos deja un buen día de hacer crucigramas las sinapsis que intervienen en la resolución de crucigramas se adormecen y encogen hasta desaparecer. Igual ocurre si una persona que ya tiene superadas las pruebas que le condujeronm a disfrutar de una posición social conveniente deja de hacer problemas de aritmética u operaciones de otro tipo. Incluso interviene el cerebro en la pereza insalvable que atenaza los miembros al intentar pasear a buen ritmo por el monte después de lustros sin hacer algo semejante. Hasta ocurre que crece la inapetencia del abrazo amoroso si se deja pasar el tiempo sin ellos.


"Uno se acuesta sabiendo quién es, pero otra cosa distinta sucede al despertar a la mañana siguiente", ha dicho un neurocientífico. No es que se despierte como escarabajo, cual le sucedió a Gregorio Samsa, pero por ahí van los tiros, al parecer. He experimentado algo semejante; no despertar como un insecto sino con el alma lacerada de dudas y temores. Como si no hubieran pasado años suficientes como para saber cuál es mi lugar en el mundo. Como si los amigos de antaño se hubieran esfumado para siempre. La misma angustia de cuando niña, al despertar de una pesadilla recurrente en la que mis padres morían y yo me quedaba sola. Las pesadillas de los dos años, dicen los entendidos.


Si son o no trampas del cerebro que tiende para divertirse a costa de la canalla humana, no sé. Desconozco. Ignoro. Pero sé cómo burlar sus malas jugadas, aunque sólo sea durante minutos que pueden resultar decisivos para salvar el pellejo emocional. Coloco, por ejemplo, unas cuantas violetas arrancadas del jardín en marzo delante de mi nariz y aspiro lenta y profundamente. Cierro los ojos y, a lo mejor (puede pasar, porque en casa suele estar encendida Radio Clásica) al fondo del pasillo suena un Mozart sentido.

Y ya estoy salvada hasta el próximo embate.

martes, 17 de febrero de 2009

las ventajas de la virtud


"No te enfades", empieza la relación de consejos para ser feliz del Emperador Meiji. ¿Cómo se hará eso? No enfadarse cuando las cosas y los hados parecen actuar en tu contra. Hum...

"No te preocupes",
continúa, impertérrito el buen gobernante, o acaso no tan bueno. No enfadarse quizá se pueda conseguir con buenas dosis de cinismo o de simulación, pero ¿no preocuparse? ¡Por Dios! Si la vida se las compone para idear cada día un nuevo motivo de preocupación, y lo que es peor, para no aliviar la carga de la preocupación. Vale, no me preocupo, pero ¿quién se ocupa de mis deudas, entonces? Y, ¿quién me mandaría a mí meterme en deudas? Bien; respiraré despacio, profundamente, varias veces, antes de reaccionar ante la preocupación; aunque tengo más, claro: mi hija, mi madre, mi profesión abandonada... Denominador común a todo eso: MI. Hum... habrá que volver sobre este punto.

"Trabaja honradamente", quizás lo más fácil de cumplir por mi parte. Hago trampas, a veces, desde luego, pero tengo la impresión de que no me costará mucho seguir este consejo.

"Da gracias": sí, definitivamente, lo hago. Es mi costumbre. Me han educado bien. ¿Siguiente?

"Sé amable". Ser amable es difícil en muchas ocasiones. Ser borde proporciona mucha satisfacción casi siempre. Ser un punto antipático confiere cierta fachada de clase. ¿Cómo diría? Distanciamiento del vulgar mortal, tan abundante. Claro que, alguna vez me ha resultado singularmente gratificante ser amable. No era tan vulgar ni tan prosaico aquel individuo de aspecto sencillo. Me gusta reprimir la inclinación por ser borde. Pero mi hija me dice que no lo suelo conseguir.

Querido Emperador Meiji: en el dorado sillón desde donde contemplas el escenario bufo de la vida en la Tierra resulta fácil hablar como hablas. Quizá tu vida no fue tan complicada. Pocos sacrificios, vida regalada, días dedicados al placer y la belleza... Puede que sea esa la fórmula secreta que guardas celosamente. ¿Se puede ser amable, acaso, cuando a una le rodea la prosa más burda, la fealdad le llena los ojos y solamente sonidos ásperos, ininteligibles, inarmónicos inundan los oídos? Conclusión, entonces: que la belleza te rodee, que los cantos de los pájaros y las bellas palabras rompan el silencio; así será más sencillo cumplir con esa tabla de felicidad.

lunes, 2 de febrero de 2009

febrero



Un mes que empieza mal, un mal augurio. Vientos huracanados se han cernido sobre la comarca y han derribado árboles añosos, cipreses, pinos, encinas incluso. La oscuridad y el temor se han instalado por todas partes. Algunos todavía no se han percatado. Algo se va a romper, algo importante. El corazón se encoge, tiembla la voz, desaparece la esperanza del horizonte. Queda poco tiempo y pocas fuerzas. Resistir, es la consigna. Quien resiste, gana. Sobrevive. Sólo cuando hay alguna fuerza pueden tomarse las armas para combatir la fortuna adversa. Y, sin embargo, no hay tiempo. La adversidad se empecina en seguir acuciándonos. No estar solo en este embate no consuela. Preferible la soledad cuando vienen tan mal dadas. Y permanecer en silencio. Encogidos los cuerpos en un rincón, como hacen los gatos castigados. La respiración como único gasto de energía. O al contrario: enfrentarse de manera suicida al mar de problemas y oponerse a él, tan inmenso y rugiente, para acabar con todos ellos hasta la muerte. O hasta que venza el sueño.


Así, al menos, se terminará este dolor de cabeza.


martes, 13 de enero de 2009

cosas pendientes


Ya hace tiempo que andamos el año nuevo y aún no he hecho yoga, ni he caminado los 6 kilómetros diarios, ni he empezado a estudiar alemán, ni he revitalizado mis contactos periodísticos, ni he logrado solucionar mi cuestión pendiente, ni he acercado la comunicación con Marta, ni he adelgazado los quilos de la Navidad... Ni siquiera he adoptado la costumbre de meditar media hora al día como me había propuesto. ¿Qué demonios de año nuevo de pacotilla es éste? Pues ¡sí que empezamos bien!