
Cuando era pequeña, mis padres me enseñaron que debía aprender a respetar a los mayores, empezando por ellos, claro está. Me enseñaron a comportarme correctamente con las personas, sin importar edad, sexo o condición social, color, etc., en todo momento, tanto en ocasiones delicadas, como la iglesia o un pésame o una reunión formal, como en momentos más distendidos. Me enseñaron cómo no abusar de la confianza, cómo no sobrepasar límites de bromas o de lenguaje o de trato familiar. A pedir las cosas por favor y a dar las gracias cuando se me daba o hacía algo que me beneficiaba. "De bien nacidos es ser agradecidos". Se me enseñó, en definitiva, a facilitar un ambiente agradable a mi alrededor, para vivir mejor yo misma.
De eso hace ya mucho tiempo. Las generaciones siguientes a la mía empezaron a experimentar cambios en su educación: poco a poco, se fueron relajando las enseñanzas y las consignas se volvieron contrarias a la buena educación: como si se tratara de algo ya superado, pasado de moda o, incluso, que retrotraía a los tiempos del Franquismo. Ser bien educado empezó a quedar anticuado y hasta retrógrado. Franquista se volvió un término anulador universal: para cualquier cosa de la que no se sabía qué decir para mal, salía lo de "franquista" y, claro, se empobreció el idioma. Así que, la educación y el idioma se empobrecieron juntos y su cuesta abajo no ha cesado desde entonces. La sociedad española se ha vuelto bronca y áspera. Not sweet people. De ahí el éxito indiscutible del llamado "botellón", que empezó siendo reunión de jóvenes alrededor de unas "litronas" de cerveza y está acabando en mesnadas de gamberros peligrosos, hasta el culo de alcohol (sic), envalentonados por la masa que ellos mismos conforman, ciegos y sordos, incapaces mentales transitorios (o no), que encuentran su mejor diversión en la quema de contenedores de basura, de coches policiales o de algun mendigo que pasaba por ahí. Los padres dicen que ellos no tienen la culpa, que se sienten impotentes, que la sociedad les ha hecho así, y que, a la postre, la culpa es de la escuela y de los maestros.
Los padres, no; cada padre y madre, cada palabra no dicha a tiempo, cada castigo y cada premio no advertido a tiempo, cada beso no dado a tiempo, incluso cada bofetada no expresa a tiempo... ahí está la fuente de la que ha terminado manando tanta mala leche, tanto desatino, tanta infelicidad y tanta prosa sucia.
Volver a los clásicos: a pedir las cosas por favor, a dar las gracias, a ceder el asiento en el autobús, a dejar pasar en las puertas, a preguntar con corrección, a expresarse con dignidad, a convivir... sólo se puede hacer eso. ¿Hace falta mucho dinero del Presupuesto General del Estado para empezar una campaña de esas de antaño: "Sea Usted puntual", "Mantenga limpia España", etc, etc? Pues, a lo mejor, sí. A lo mejor es una prioridad, señorías.
http://www.youtube.com/watch?v=XzdRcqrPKxg&hl=es
De eso hace ya mucho tiempo. Las generaciones siguientes a la mía empezaron a experimentar cambios en su educación: poco a poco, se fueron relajando las enseñanzas y las consignas se volvieron contrarias a la buena educación: como si se tratara de algo ya superado, pasado de moda o, incluso, que retrotraía a los tiempos del Franquismo. Ser bien educado empezó a quedar anticuado y hasta retrógrado. Franquista se volvió un término anulador universal: para cualquier cosa de la que no se sabía qué decir para mal, salía lo de "franquista" y, claro, se empobreció el idioma. Así que, la educación y el idioma se empobrecieron juntos y su cuesta abajo no ha cesado desde entonces. La sociedad española se ha vuelto bronca y áspera. Not sweet people. De ahí el éxito indiscutible del llamado "botellón", que empezó siendo reunión de jóvenes alrededor de unas "litronas" de cerveza y está acabando en mesnadas de gamberros peligrosos, hasta el culo de alcohol (sic), envalentonados por la masa que ellos mismos conforman, ciegos y sordos, incapaces mentales transitorios (o no), que encuentran su mejor diversión en la quema de contenedores de basura, de coches policiales o de algun mendigo que pasaba por ahí. Los padres dicen que ellos no tienen la culpa, que se sienten impotentes, que la sociedad les ha hecho así, y que, a la postre, la culpa es de la escuela y de los maestros.
Los padres, no; cada padre y madre, cada palabra no dicha a tiempo, cada castigo y cada premio no advertido a tiempo, cada beso no dado a tiempo, incluso cada bofetada no expresa a tiempo... ahí está la fuente de la que ha terminado manando tanta mala leche, tanto desatino, tanta infelicidad y tanta prosa sucia.
Volver a los clásicos: a pedir las cosas por favor, a dar las gracias, a ceder el asiento en el autobús, a dejar pasar en las puertas, a preguntar con corrección, a expresarse con dignidad, a convivir... sólo se puede hacer eso. ¿Hace falta mucho dinero del Presupuesto General del Estado para empezar una campaña de esas de antaño: "Sea Usted puntual", "Mantenga limpia España", etc, etc? Pues, a lo mejor, sí. A lo mejor es una prioridad, señorías.


