
"No te enfades", empieza la relación de consejos para ser feliz del Emperador Meiji. ¿Cómo se hará eso? No enfadarse cuando las cosas y los hados parecen actuar en tu contra. Hum...
"No te preocupes", continúa, impertérrito el buen gobernante, o acaso no tan bueno. No enfadarse quizá se pueda conseguir con buenas dosis de cinismo o de simulación, pero ¿no preocuparse? ¡Por Dios! Si la vida se las compone para idear cada día un nuevo motivo de preocupación, y lo que es peor, para no aliviar la carga de la preocupación. Vale, no me preocupo, pero ¿quién se ocupa de mis deudas, entonces? Y, ¿quién me mandaría a mí meterme en deudas? Bien; respiraré despacio, profundamente, varias veces, antes de reaccionar ante la preocupación; aunque tengo más, claro: mi hija, mi madre, mi profesión abandonada... Denominador común a todo eso: MI. Hum... habrá que volver sobre este punto.
"Trabaja honradamente", quizás lo más fácil de cumplir por mi parte. Hago trampas, a veces, desde luego, pero tengo la impresión de que no me costará mucho seguir este consejo.
"Da gracias": sí, definitivamente, lo hago. Es mi costumbre. Me han educado bien. ¿Siguiente?
"Sé amable". Ser amable es difícil en muchas ocasiones. Ser borde proporciona mucha satisfacción casi siempre. Ser un punto antipático confiere cierta fachada de clase. ¿Cómo diría? Distanciamiento del vulgar mortal, tan abundante. Claro que, alguna vez me ha resultado singularmente gratificante ser amable. No era tan vulgar ni tan prosaico aquel individuo de aspecto sencillo. Me gusta reprimir la inclinación por ser borde. Pero mi hija me dice que no lo suelo conseguir.
Querido Emperador Meiji: en el dorado sillón desde donde contemplas el escenario bufo de la vida en la Tierra resulta fácil hablar como hablas. Quizá tu vida no fue tan complicada. Pocos sacrificios, vida regalada, días dedicados al placer y la belleza... Puede que sea esa la fórmula secreta que guardas celosamente. ¿Se puede ser amable, acaso, cuando a una le rodea la prosa más burda, la fealdad le llena los ojos y solamente sonidos ásperos, ininteligibles, inarmónicos inundan los oídos? Conclusión, entonces: que la belleza te rodee, que los cantos de los pájaros y las bellas palabras rompan el silencio; así será más sencillo cumplir con esa tabla de felicidad.
