domingo, 21 de diciembre de 2008

Escuchando a Boccherini

Desayunaba yo esta mañana, té sencha verde, leche de soja y pan tostado con aceite usado una vez, cuando en Radio Clásica, daban la música de Boccherini, madrileña y elegante, alegre y melancólica. Yo sabía que el músico nacido en la Toscana, se había pasado sus años en España, pero deconocía que viviera tanto tiempo en ella como para morir aquí. Se conoce que, a pesar de sus cosas malas, la España del buen rey Carlos III era de lo mejor que ofrecía aquella Europa fría y tontuela. Hasta con Carlos IV estuvo más feliz el autor de "La retirada de Madrid". Era aquella, seguramente, una sociedad embrutecida pero que aún abrigaba la esperanza de salir del fango de la ignorancia, en parte gracias a los ilustrados y en parte gracias a las individualildades que no ha cesado milagrosamente de dar España a lo largo de la historia.
En cualquier país, los intelectuales, los artistas, las gentes de letras y de ciencias en general, han tenido una gran responsabilidad, digamos, en el proceso de "desasnar" a sus conciudadanos. Su ejemplo, hasta nuestros días, valía más incluso que el ejemplo que daban los próceres y altos dignatarios, no siempre presentables desde los puntos de vista moral e intelectual. Pero, desde los últimos años del siglo XX el giro producido en parte por un bienestar material inédito sobre la sociedad española ha hacho que ésta pierda el prurito de la curiosidad del saber, la dignidad de mantener el tipo aunque ya no quede fuerzas para ello, la vergüenza torera, dicho de forma llana. Han dejado de inspirar respeto los maestros, aunque esto venía de antiguo ("tiés más hambre que un maestro escuela", se ha dicho siempre), de resultar estimulantes los esforzados científicos. Nada parece merecer la pena el mínimo esfuerzo si no se ve inmediatamente compensado con dinero, mucho dinero. Sólo vale el dinero.
Ya sé que no descubro el Mediterráneo con lo que digo. Pero, ¡cuánta esperanza de mejorar había en aquella España de la Transición de la que se rememoran tan sólos idioteces más facilonas, como machacona monserga que ofrecen las emisoras televisivas y radiofónicas. Qué vertiginosamente rápido se ha ido todo al garete. Con cuánta tranquilidad (desde luego, es legítimo, dirán) los intelectuales se apuntan al premio Planeta para hincar el diente al fin a un buen filete de 1 millón de euros, como acaba de hacer mi admirado Savater.
Dejadme soñar con que un día en España se vuelva a aquella sencilla aspiración de la excelencia con que se aplicaba un chico de familia pobre para salir de la miseria, honradamente, valiéndose de su talento y de su esfuerzo. De su inteligencia. O una chica, se entiende.
Perdonad este arranque de ansiedad.

8 comentarios:

estrella dijo...

Sabes Robin que tengo ese CD. A veces lo pongo como música de fondo, me deja pensar y concentrarme en mi trabajo; señal para mi de que le falta ‘garra’.
Muy interesante lo que cuentas, yo tampoco tenía idea de que hubiera pasado tanto tiempo en España y menos que hubiera muerto ahí. Muy buena tu ambientación del periodo de la ilustración; casi de película.

estrella dijo...

Lo de "tiés más hambre que un maestro escuela" es verdad que lo he oído, y no soy tan vieja, pero aun así a los maestros se les respetaba. Tuve una tía-abuela maestra, casada con un maestro - en el pueblo les llamaban ‘los capullos’ – Eran gente muy educada y ‘delicados’, no tuvieron hijos. Pues les llamarían ‘capullos’ pero los consejos que daban a los padres iban a misa. En las fiestas se les llenaba la casa de frutas, carne, dulces…vamos, recuerdo que en una ocasión les regalaron una jaula con dos conejos vivos…no sabían que hacer con ellos. Junto con el alcalde y el cura, eran ellos y el médico la aristocracia del pueblo.
Por esos tiempos mi abuelo (el hermano de la maestra) hacía poco que había salido de la cárcel, donde pasó años. Era el cabecilla republicano del pueblo. Suerte que no lo mataron pero era un hombre acabado a sus 60. Moriría poco después.
Fíjate, siendo de un pueblo de la sierra granadina lo fueron a encerrar en Ferrol del Caudillo. Mi abuela con cinco críos…Ahí estaba el castigo.

Anónimo dijo...

Savater me cae gordo, está hasta en la sopa, pero me parece bien que el Planeta lo gane gente de calidad y respetable producción literaria. Este año le tocó a él y el próximo le tocará a otro que me caiga mejor. Un millón de euros lo considero como el premio de toda una vida de esfuerzo y - lo más probable- penurias económicas.

robin dijo...

Me, eres muy ingenuo al pensar que "le tocó el Planeta" a Savater, como a quien le toca la lotería. Hace mucho, mucho tiempo que el planeta está dado y encargado. Eso es lo que no me gusta del hecho. Savatar demuestra su valor plantándole cara a eta y los nacionalistas cada día, lo que en España y en el País Vasco, es cosa de valientes. Pero, en materia de cultura, creo que ha sucumbido a Don Dinero, él también. so es lo que me decepciona.

robin dijo...

Sí, Chiqui, la dura vida de los maestros de escuela durante la guerra y la postguerra, la cuenta Josefina Aldecoa en "Historia de una maestra". Lo cierto es que, algún día habría que atreverse a criticar a la República sin temor a que te llamen fascista y lindezas por el estilo. La memoria histórica que tan sibilina y electoralmente ha querido desatar Rodríguez Z. ha de serlo abiertamente, para todo y para todos. Hemos rumiado acríticamente las bondades de la II República Española y, por desgracia, padeció de muchos males que acabaron con ella. Con ayuda de los militares africanistas, desde luego.

Anónimo dijo...

Robin, asusta un poco eso de que los premios ya estén vendidos (o comprados a plazos) yo debo de ser muy ingenua o tú muy cínica…Creo que podríamos juntarnos a mitad de camino y esperar que se encuentre ahí lo más cercano a la ‘verdad’. Sabes, no creo en las verdades, más bien en el hombre y sus circunstancias.
Quizás los premios no deberían estar acompañados de un cheque.

robin dijo...

¡Conde!, pues, si no fueran acompañados de un cheque, ¿de qué demonios servirían los premios hoy en día? ¿Acaso hay algo que valga más que el dinero? ¿Algo que sea más codiciado, más deseado, más ambicionado? Yo no encuentro más que a gente perdiendo la dignidad y el culo por la pasta.

Anónimo dijo...

Ay! Robin, que bien te expresas!